Cómo cuidar tus joyas de rodio para que brillen siempre
El baño de rodio es lo que le da a una pieza ese brillo espejo y esa resistencia a rayones que no tiene la plata ni el oro sin recubrir. Pero sigue siendo un baño: una capa delicada que conviene cuidar si quieres que dure temporadas, no semanas.
Guárdala por separado. El primer enemigo del rodio no es el agua, es el roce con otras joyas. Metal contra metal desgasta el recubrimiento más rápido que cualquier otra cosa. Usa la bolsita o el paño que viene en el empaque, o al menos un compartimento propio.
Evita el contacto directo con perfume, crema y alcohol. Aplícalos antes de ponerte la pieza, no después. Los químicos de uso diario son la segunda causa más común de que un rodio pierda brillo antes de tiempo.
Para limpiarla, un paño suave y seco basta el noventa por ciento de las veces. Si necesitas algo más, agua tibia con jabón neutro y un secado inmediato — nunca la dejes reposar mojada, y nunca uses productos abrasivos o cepillos de cerdas duras.
Quítatela para dormir, hacer ejercicio, nadar o lavar platos. Suena exagerado hasta que ves la diferencia entre una pieza que se usó así todos los días y una que se cuidó: la segunda se ve nueva después de un año.
Y si después de mucho uso notas que el brillo bajó, no se acabó la pieza: en Estella volvemos a bañar en rodio las piezas que compraste con nosotras. Escríbenos y te contamos cómo.